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Mostrando entradas de octubre, 2017

Hubo un tiempo en que quería ser la mejor

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Chica indiscreta

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Aunque en tu casa te espera la enfermedad de alguien, el genio de un inmaduro, las grietas y ruinas de la relación familiar, hay días en los que llegas allí y te sientes aliviada. Afuera hay cosas que te asquean, desde el colegio hasta la puerta de tu casa. Todo el mundo se traiciona, nada ni nadie se mueve sin dinero, todos son apariencias, como si la vida fuera una gran red social. Las personas son superficiales con ganas. A mí me gusta mucho ver Gossip Girl, no sé por qué. No he parado de repetírmela, aunque hace años que terminaron de producirla. Me gusta y la odio al mismo tiempo. A veces me siento rodeada de las protagonistas de la serie cuando estoy en el colegio. Gente con mucho dinero en las cuentas de sus padres, gente bonita, gente que se sonríe entre sí todo el día, gente que se odia en secreto y que, al final, sufren tanto o más que “la gente del común”. Gossip Girl es lo mejor. ¿Recuerdas cuando Blair le rompió el corazón a Chuck? Era algo como: “En otoño dijiste que no po…

Cajas blancas sobre cajas negras

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¿Cómo fue la primera vez que estuvimos enfermos? Nadie lo sabe. Nadie lo recuerda. Solo sabemos que, con seguridad, la primera en cuidarnos fue nuestra madre. En la vida hay pocas cosas tan difíciles de relativizar como la enfermedad. Cuando llega, nos convertimos en viejos y bebés al mismo tiempo, totalmente dependientes de los demás. Necesitamos a nuestra madre más que nunca. Pero ¿qué sucede cuando es justamente al revés? ¿Cuando te vuelves mayor pero no porque te hayas enfermado, sino porque de repente eres la única persona que se puede hacer cargo de un enfermo? Como si supieras qué hacer… Como si ya hubieras pasado por ahí y tuvieras las respuestas. Pero no las tienes, y, sin embargo, debes improvisar. Reaccionar. Estar allí. Porque el único adulto responsable que está cerca, resultas ser tú. Y a la enfermedad y sus urgencias le importan poco lo que opines…A veces la vida da ese vuelco: entre listas de reproducción de Spotify y likes de Instagram, entre tu aparente “vida perfect…

¿Cómo me puedo sentir tan mal?

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¿Cómo es perder el estrato social?

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Las historias de quiebra económica suelen estar acompañadas de dramas comparables a la muerte misma. Las familias pierden todos sus objetos materiales en una sacudida que nadie espera. Las casas en donde crecimos se cambian por cubos grises y pequeños, con baños molestos y habitaciones en las que es difícil acostumbrarse a dormir. Los ventanales gigantes se convierten en pequeñas ventanas sucias. El dinero ya no alcanza para comprar lo acostumbrado y las amistades se alejan de a poquitos. Eso es la quiebra. Vas a pasar en todos los documentos oficiales de ser un orgulloso 6 a un modesto 4 o un preocupante 3. Tu madre ya no querrá salir ni a la tienda, por el miedo a que pase algún viejo conocido y la reconozca en su desgracia. Todo el mundo como lo conoces será desbaratado, mientras tu madre se desespera y se recluye hasta el punto de ni siquiera salir al corredor o la cocina. Pero hoy vengo a hablar a favor de tener mucho en la cabeza para que no duela tener menos en los bolsillos. Dice…

¿Papá?

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Kafka pensaba que su padre lo despreciaba. Quizá por eso luego se sintió como un bicho, una enorme cucaracha acomodada en su cama. El día anterior, esa cucaracha era una persona normal, un hombre cualquiera, pero, al despertar, en lugar de sus brazos veía largos tentáculos, y su boca se había convertido en una mezcla de aspiradora con tenazas babosas. ¡Era un insecto gigante! Solo su madre comprendió al bicho, dándole de desayuno un plato de agua con terrones de azúcar. Sé que saben de lo que hablo. El padre ausente deja un vacío imposible de explicar. Más allá de la melancolía en el Día Nacional del Padre, de la publicidad idiota del hombre protector con sus fuertes brazos velludos, hay algo en esa ausencia que nos convierte en bichos perseguidos por raquetas eléctricas e insecticidas. Es una mezcla entre añorar que vuelva y odiarlo por lo mismo; odiarlo, porque si vuelve fue porque antes te abandonó. ¿Contradictorio? ¡Solo un bicho puede sentir algo así! El bicho mira por la puerta.  …

¿Diciendo ‘hola’ a un hogar incompleto?

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Parece que hoy las personas encienden la televisión solo para alejarse más de la realidad. Aprietan un botón, se enciende un rectángulo de luz y todo alrededor de la televisión se borra. Pero al frente del televisor, envueltos en la luz mortecina que emite el aparato, se supone que siempre hay seres humanos. Antes eran familias enteras. Hoy, más que todo, son personas solitarias o parejas aburridas. Solo piensa un instante: ¿con cuántas personas veías televisión hace 10 años y con cuántas ahora? Eso que ha desaparecido con el tiempo junto a tu sillón, al pie de tu cama o en el comedor, se llama familia.

Imaginen una casa en la que el único punto en común de una madre y sus dos hijos sea el corredor en el que a veces se encuentran. Siempre apurados, siempre pensando en lo que deben hacer, diciéndose, apenas, un desinteresado “buenos días”. Eso, definitivamente, no se llama familia.

Y no es que todos necesitemos de la presencia constante de nuestros familiares para sentir que todo va bie…

¡Hola! ¿Hay alguien ahí?

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Lost Girl